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20 veces Roger Federer

Con la conquista del Abierto de Australia, Roger Federer gana su vigésimo título de Grand Slam tras derrotar a Cilic en un partido que se le escapaba de tanto en tanto.

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El Abierto de Australia 2018 nos traía una historia de revancha y desafío. Roger Federer estaba ante la chance de agigantar su leyenda  -sí, aún más-  al tener la posibilidad de ganar su vigésimo Grand Slam a los 36 años. Para Marin Cilic era la oportunidad de ganar su segundo título grande, pero también era la posibilidad de reivindicarse. En el pasado Wimbledon ante el mismo rival, las ampollas en sus pies le habían imposibilitado competir en plenitud de condiciones y dar lo mejor de sí mismo en una final de semejante envergadura. Hoy no iba a ser así. Hoy iba a presentar batalla.

 

Sin embargo a quien le pesó más el desafío en el arranque del encuentro fue a Marin Cilic. El croata se encontraba en la cancha pero su mente distante del lugar de los hechos. Perdió el primer game con su saque tras dejar en la red un smash no muy complicado. A ese juego le siguieron tres más de forma consecutiva. En un abrir y cerrar de ojos, Federer ganaba 4-0 sin necesidad de esforzarse demasiado. Después le alcanzó con mantener su saque hasta cerrar la manga 6-2 a su favor.

 

Federer de revés

 

Poco a poco Cilic encontraba el rumbo a medida que su servicio empezaba a darle respuestas. De caminar en el fango con pasto alto al borde del río, pasó a andar por tierra firme. El proceso no fue sencillo; debió levantar varios break points en el comienzo del segundo parcial, que, de haberlos aprovechado el suizo, hubiera sacado una ventaja muy difícil de remontar. Pero Federer le perdonó la vida. Le dio la mano cuando estaba a punto de caerse, y Cilic le agarró el codo.

 

En el segundo capítulo, el trámite se fue emparejando cada vez más y debió definirse en un tiebreak que fue muy cerrado. Un minibreak casi en el final le dio la ventaja al croata que sería decisiva y le permitiría empatar el partido, un set por lado.

 

En la tercera manga el saque de Cilic volvió a caer. En la primera había tenido un 50% de primeros servicios y en esta instancia volvió a ese porcentaje. Roger pudo tomar un quiebre de ventaja que lo llevó a un 6-3 sin transpirar y que parecía liquidar la historia; más aun después de ponerse 2-0 en el cuarto parcial. Se empezó a descorchar champagne y a preparar las celebraciones. Encima tuvo break point para ponerse 3-0 con doble quiebre. Era casi un match point.

 

Increíble que del casi match point se pasó a la casi remontada histórica.

 

Cilic pudo salvar ese game y a partir de ahí se volvió imparable. Por su parte, Federer no volvería a ser el mismo por un tiempo. Del 3-1 pasó al 3-6. De estar a tres games de su vigésimo Grand Slam, a perder cinco consecutivos. El suizo había perdido movilidad, precisión y también velocidad en sus tiros. La presión y ataque constante que había ejercido sobre el croata en el partido hasta ese momento empezaron a mermar poco a poco hasta desaparecer. Su porcentaje de primeros saques había bajado a un 36%, igual que su edad. En este punto Cilic hacía cualquier cosa sin importarle a dónde caería la pelota, total le salía todo bien.

 

Cilic reacciona

 

Para colmo comenzaba el quinto set y el croata disponía de un doble break point. La leyenda de 36 años ya cada vez podía menos. Su físico iba en curva descendente, en inercia totalmente contraria de la agresividad de Cilic. Nada parecía poder revertir lo que parecía una inevitable sucesión de winners y festejos por parte del gigante de 1,98m.

 

Al desafío de la corona N°20, se le sumó el desafío de luchar contra su cuerpo, que le pedía parar. Pero no hay desafío que Roger Federer no pueda superar.

 

Federer celebra

 

Salvó el game y quebró al siguiente. Impensado. Confirmó, se puso 3-0, mantuvo el saque, vino el 4-1, y finalmente, el golpe de nocaut. Un segundo break ya era irremontable: 5-1 y servicio, no había mejor escenario posible. El suizo no solamente tenía puesto el disfraz de mago y maestro, su vestimenta habitual: hoy también llevaba consigo las llamas del ave fénix que resurge de sus propias cenizas.

 

El ojo de halcón cortó abruptamente la emoción, totalmente en vano.  Un susto que fue efímero, no como los sustos del segundo y cuarto set. La pelota que había sido buena transformaba a Roger Federer en el campeón del Abierto de Australia. Por sexta vez en su carrera, por segundo año consecutivo… Y más impactante aún, por vigésima vez con un trofeo de Grand Slam entre sus brazos. Derrotó a Cilic, se derrotó a sí mismo e incluso derrotó al paso del tiempo, a la ley de la vida. A lo que no pudo derrotar fue a la emoción, a las lágrimas, al ser humano que está detrás del semblante frío que muestra cuando le pega a la pelota. En estos momentos es en los que la perfección se hace imperfecta. Y en los que la humana imperfección perfecciona a la perfección. Mejor dicho, perfecciona a Roger Federer.

Federer emocionado

Por Federico Menteguiaga

Fotos: @AustralianOpen

Autor:

Periodista deportivo | Productor General de Tenis Zone Radio

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