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Denis Istomin venció Djokovic en su odisea por Australia

El uzbeko dio el gran golpe en Melbourne al derrotar al campeón defensor y número 2 del mundo en la segunda ronda. Lo hizo en un partido lleno de emociones, idas, vueltas y, sobre todo, tenis del bueno. Lo mejor del Abierto de Australia hasta ahora. Denis Istomin nació en la antigua Unión Soviética, en […]

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El uzbeko dio el gran golpe en Melbourne al derrotar al campeón defensor y número 2 del mundo en la segunda ronda. Lo hizo en un partido lleno de emociones, idas, vueltas y, sobre todo, tenis del bueno. Lo mejor del Abierto de Australia hasta ahora.

Denis Istomin nació en la antigua Unión Soviética, en el territorio que luego pasó a ser uzbeko. Es el único tenista destacado en la historia de su país. Y si bien lleva la bandera de su amada Uzbekistán por todo el mundo; desde hoy, un pedazo de su corazón se quedará en Australia. Para siempre. Fue aquí, en esta tierra de geografía tan exótica, donde Istomin escribió el capítulo más importante de su biografía. Fue aquí, en esta tierra tan sagrada para el tenis, donde Istomin miró a la gloria a los ojos y la besó con satisfacción. Fue aquí, en Australia, en Melbourne, en la Arena Rod Laver, en el jardín de la casa de Novak Djokovic, donde Denis Istomin derrotó a todos los fantasmas de su vida y conquistó el éxito, la superación personal, la tapa de todos los diarios y el planeta entero.

Istomin nunca figuró en los primeros planos del circuito, pero sí era uno de los del montón que asomaba la cabeza de vez en cuando y cada tanto llamaba la atención, porque capacidad siempre tuvo aunque jamás haya hecho el clic que lo catapulte a la cima. Sin embargo hacía mucho tiempo que ya ni siquiera ocupaba esa posición secundaria. Tuvo varios años de lenta involución que lo alejaron de su nivel. En el 2016 se fue del top cien sin pena ni gloria, sin que nadie se diera cuenta. Pocos lo extrañaban. Menos eran quienes lo recordaban. Se había perdido por ahí y ni el más creativo de los escritores imaginó que podía retornar.

Istomin festeja su triunfo (Foto: AusOpen)

Pero el 2017 tenía que ser diferente. Y desde el comienzo. Istomin hizo borrón y cuenta nueva y empezó de cero, pidió un wild card y se lo dieron. ¿El lugar para comenzar su odisea? Australia, donde los canguros saltan, los koalas duermen, el calor agobia y el tenis brilla durante dos semanas en cada enero. Donde Novak Djokovic es amo y señor del primer Grand Slam de la temporada. Donde es casi imbatible; salvo por algunos elegidos que se cuentan con los dedos de la mano. Istomin desafió al rey y se convirtió en uno de esos selectos hombres.

Apareció en la cancha con suma tranquilidad. Lo único que cargaba en su espalda era su bolso con raquetas. En cambio Djokovic cargaba un par de cosas más. El primer game fue un anticipo de lo que sería todo el partido. Nole al saque sufriendo, peloteando, desgastándose. Istomin lo mismo, solo que en vez de sufrir, jugaba. Tiraba y arriesgaba sin culpa. Y, lo que es más importante, sin errores. Quince minutos le tomaron al serbio poder anotar el 1-0 en el marcador. Ya de entrada se podía apreciar que la jornada sería extensa y agotadora. Pero todavía era imposible imaginar el desenlace que se dio finalmente.

El campeón defensor no se iba a dejar intimidar y el match se hizo parejo. Ambos estaban plantados en el fondo de la cancha y dispuestos a correr, pegar, correr, pegar, correr y pegar. Buscaban hacerse daño. Los puntos se extendían y los games también. Al serbio lo pueden amenazar, pero él plantea a sus retadores una contienda física, una contienda psicológica y una contienda de precisión, que pone a prueba la madera de los demás en el examen más duro.

Se quebraron una vez cada uno, primero Istomin e instantáneamente después Djokovic. La paridad solo podía ser destruida en un tiebreak. Y así fue, pero costó. El primer set point fue para el uzbeko, 6-5 con la devolución. No pudo concretarlo. Luego Nole tendría la chance, 7-6 con el resto y 8-7 con el servicio en su poder. Un grosero error no forzado de slice lo privó de cerrar la primera manga a su favor. Perdió el punto siguiente, otra vez con su saque. Y cuando Istomin lo tuvo que cerrarlo por sí mismo, a diferencia de su oponente, lo consiguió sin dudar.

Nole sufre en el quinto set (Foto: ESPN)

Había transcurrida una hora y 28 minutos de arduo batallar. Finalmente el primer parcial fue para el 117 del mundo. El desempate que lo definió había entrado en el terreno sucio, donde el puente se hace angosto y el abismo profundo; en ese terreno que le gusta transitar a Djokovic, porque es el mejor equilibrista del mundo. Pero los roles se invirtieron e Istomin fue el que se salió con la suya cuando las papas quemaban y el margen era inexistente. Ganar ese set era un paso importante en la aventura del uzbeko. Pero lo más difícil era seguir caminando por la misma senda.

 

El partido continuó por la línea del golpe a golpe, tanto en el transcurrir de los puntos como en el marcador. Istomin no se achicó. En ese palo por palo, su mente no flaqueó. 1-1, 2-2, 3-3, 4-4. Los dos realizaban un gran esfuerzo para sacar adelante sus turnos de saque. El reloj corría pero el marcador no. Los golpes de Djokovic tampoco, pero se las ingeniaba igual.

Llegó el 4-5, el serbio al servicio. 15-40 y Australia se paralizaba (aunque después se iba a quedar de cabeza). Denis Istomin tenía una oportunidad enorme ante sus manos: ponerse dos sets a cero ante el número 2, campeón defensor del primer Grand Slam del año, y acorralarlo entre la espada y la pared. Situación inmejorable. El tren pasaba por donde él estaba. Pero Djokovic apareció en su máximo esplendor. A puro saque y palazo, revirtió el game en un abrir y cerrar de ojos, sin dejar jugar a su rival, sin que se permita, por lo menos, desaprovechar sus oportunidades por él mismo. Después quebró y también confirmó. Una ráfaga de Nole lo llevó del 4-5 al 7-5. Y set iguales.

Al serbio le quedaban un par de vidas por gastar aún. Istomin tenía que arrebatarles todas si quería triunfar. Su momento se arruinó y su rendimiento cayó. Aquel tenis que había exhibido y mantenido durante 2 horas y 27 minutos, desapareció. Djokovic se apropió de la escena ante una merma en la oposición que se le presentaba. 41 minutos después, el serbio había quebrado dos veces a su rival, que parecía rendido, sin opciones y con los brazos caídos. El número 2 del mundo se llevó el set por un cómodo 6-2. Esta película se repetía por enésima vez: Djokovic en problemas, al borde del precipicio, resucita de las cenizas cuando todo parecía perdido, su rival se sorprende, cae en la frustración, Nole huele sangre y de víctima pasa a ser victimario. Pero Istomin no estaba para derrotas dignas.

(Foto: ESPN)

El camino de su vida le presentó obstáculos que logró superar. Un accidente automovilístico cuando era un joven junior con sueños de grandeza lo alejó dos años de las canchas de tenis. Los 80 puntos de sutura en la pierna no eran comparables ni por asomo con perder un partido. Después de todo, si así ocurría, sería tan solo una anécdota. Pero, ya que estaba, ¿por qué no hacerla una anécdota positiva? ¿Y por qué no transformar esa anécdota en un episodio que lo marque de por vida?

Si se había repuesto a una severa lesión en su etapa formativa y ahora estaba en búsqueda de reponerse de un mal año como fue el 2016, ¿por qué no podría reponerse de una desventaja parcial ante Novak Djokovic en un simple partido de tenis? Había que intentarlo. Si el tren había pasado en el segundo set, había que correrlo. El objetivo de la odisea estaba a la vista: dar el gran golpe ante el monarca dueño de los jardines de Melbourne. Captó rápidamente el mensaje y se colocó break arriba de entrada en el cuarto set, 3-0.

La avalancha serbia que destroza todo a su paso cuando toma fuerza se había frenado. Hasta el tercer set había llegado. Pero así y todo, Nole no se iba a entregar. Recuperó el quiebre y embarró la cancha, otra vez. Cuando el serbio sacaba 4-5, Istomin tuvo un deja-vú, 30-40 a su favor, set point y la chance de llevar todo al quinto parcial, al decisivo. Un gran servicio se lo impidió, y la historia se repitió. Y Nole Otra vez se salvaba, otra vez engañaba a la derrota. El tren había dado la vuelta y había pasado de vuelta por donde estaba el uzbeko. Pero lo que nadie sabía en aquel instante, es que ahí se había ido la última vida que le quedaba a Novak Djokovic.

El set continuó. Y un nuevo tiebreak se presentó ante el público que estaba presenciando un espectáculo y gozaba mientras los dos protagonistas explotaban por dentro. Istomin tomó ventaja y se puso 6-3, con tres chances más de cerrar el parcial. Se fue la primera y después la segunda. La última vida de Djokovic era la más dura de matar, pero no tanto como Bruce Willis. La tercera fue la vencida. Istomin lo había hecho. Había empatado recién el partido y el encuentro se iba a un quinto set. Todo un tramo por delante, pero ya no se le iba a escabullir la gloria que fue a buscar a Australia.

Con un temple de acero, la serenidad de una isla desierta, la concentración de un monje y la determinación de un león, Denis Istomin dominó el quinto set de principio a fin. Lejos estuvo de que le tiemble el pulso para sellar y ponerle el broche definitivo a la gran hazaña. Sacó 5-4 para el partido y ganó el game cómodamente en 15. Lo había conseguido. La odisea había cobrado sentido. En el partido de su vida, Denis Istomin derrotó a Novak Djokovic en la segunda ronda del Abierto de Australia. Nada más que agregar.

Foto Destacada: ATP

Autor:

Periodista deportivo | Productor General de Tenis Zone Radio

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