Novak Djokovic alcanzó 200 semanas como n°1 del ránking ATP. La sorprendente historia del serbio.

Originalmente esta nota iba a titularse “Djokovic, el de madera”. Originalmente, esta nota pensaba tener un tinte irónico. Originalmente también, iba a relativizar el logro del serbio. Pero es imposible. Por una sencilla razón: su grandeza no sólo aplasta rivales, sino también la posibilidad de encontrar argumentos para no rendirse ante él, ante Novak Djokovic, el 200 veces n°1.

Hijo de Srdjan y Dijana, nacido el 22 de mayo de 1987 en la Belgrado de una Yugoslavia en guerra con la OTAN, el pequeño Nole se enamoró del tenis y aprendió a jugarlo antes de saber leer y escribir, según sus propias palabras. “Cuando tenía cuatro años vi tenis por tele. Mi papá y mi mamá tenían un restaurante en la montaña, en Serbia, y por allí cerca había tres canchas. Vi cómo las construyeron y me fui enamorando”, expresó en una entrevista a La Nación.

Djokovic de chicoA pesar de cierto interés de su padre en que fuera jugador de fútbol o esquiador como él, a los 4 años comenzó a practicar en el Partizan Tennis Club y, al tiempo, se presentó ante Jelena Gencic, formadora de Monica Seles -N° 1 del mundo y ganadora de 9 Grand Slams- y Goran Ivanisevic -llegó a N° 2 y conquistó Wimbledon-. La entrenadora aún recuerda aquel momento: “Nunca olvidaré aquel día. Se acercó a mí con un bolso de tenis con todo lo necesario para un entrenamiento profesional. Le pregunté qué quería ser de mayor, y, muy serio, me contestó: ‘El número uno del mundo’, la misma respuesta que me había dado Seles“.

Hay quienes señalan que en Djokovic no hay milagro, sino consecuencia. De sus esfuerzos por ser quien es hoy. Y una frase les da la razón: “El tenis es mi obligación. Porque quiero ser el número 1”, afirmaba contundente el serbio, que además señaló que durante su niñez estuvo rodeado “por gente que sabía muchísimo de tenis” y que le daban “el enfoque para ser un campeón”.

Nole migró a Munich para entrenarse en la academia del extenista croata Niki Pilic, destacado en los 70’s. Luego practicó en la escuela de Riccardo Piatti, en Torino, y en 2003, con apenas 16 años, se hizo profesional. Entre los giros que tomó la carrera del Joker, como lo apodó el público por sus imitaciones de Sharapova, Nadal y Roddick y sus bromas, en 2006 se ubica el encuentro con el eslovaco Marian Vajda, su entrenador y soporte anímico desde entonces.

En junio de ese año comenzó a preparase con Vajda y a trepar puestos en el ránking. También llegaron los primeros títulos: los ATP 250 de Amersfoort (actual Serbia Open), en julio, y de Metz, en octubre.

Djokovic con el trofeo en Wimbledon (foto: eurosport)

Djokovic con el trofeo en Wimbledon (Foto: eurosport)

Con un crecimiento exponencial, en 2007 trepó al puesto n°3 del ránking y hasta 2011 –su otro gran giro– ganó 18 títulos ATP, entre ellos su primer Grand Slam –el Australian Open 2008– y los Masters de Miami, Canadá (2007), Indian Wells, Roma (2008) y París (2009).

En 2010 la racha ganadora se cortó: sólo dos títulos, los ATP 500 de Dubai y Beijing. ¿Un retroceso? Tal vez. Se dice que a veces es necesario retroceder un paso para avanzar dos, para tomar impulso. En junio de ese año comenzó a trabajar junto al bosnio Igor Cetojevic, un nutricionista recibido en la Universidad de Sarajevo, adorador de la medicina tradicional china, que introdujo cambios alimenticios fundamentales para el Djokovic que se vería luego. Además, descubrió que sus alergias se debían a que era celíaco, con lo que la corrección de su rumbo fue doble.

Para fines del 2010, Nole fue el abanderado de la conquista Serbia de la Copa Davis, el principio de la nueva era, que en 2011 vendría con todo. Más precisamente, con 10 títulos bajo el brazo: Australia, Wimbledon y el US Open, Indian Wells, Miami, Madrid, Roma y Canadá, y por tercera vez el ATP 500 de Dubai. Tanta gloria lo llevó a cumplir el sueño que tenía de chico: ser el n°1. Y también despertó la curiosidad por el secreto detrás de semejante viraje en su rumbo.

Nole 200 2“No hay ningún cambio. Soy la misma persona. Soy el mismo jugador. Sí es cierto que he conseguido equilibrar la parte familiar con la parte profesional y todo está funcionando a la perfección. Conmigo están siempre mis padres, aunque no vienen a todos los torneos, mis hermanos y mi novia, pero ese es un aspecto de nuestro proyecto; el otro es el deportivo al lado de Vajda”, señalaba con inocencia. Aunque, por momentos, se abría un poco más: “La nutrición influye en cómo juego. Importa lo que como y bebo antes de los partidos. Además, algo hizo clic en mi cabeza, en mi vida privada pasaron cosas que me afectaron. El tenis es un deporte muy mental y cuando uno no es estable, pierde la confianza, pierde todo“.

Desde entonces, Nole no fue Nole. Mejor dicho, fue otro Nole. Uno arrollador. Uno que hasta el momento acumula 36 títulos desde el 2012 y tan sólo se bajó de la cima en dos oportunidades, ante Roger Federer en 2012 y ante Rafael Nadal en 2013. Uno que ayer, 22 de mayo, no sólo cumplió 29 años, sino que también completó las 200 semanas mirando a todos desde lo alto del ránking.

“¿Y por qué es un perro?”, se preguntará luego de tanto recorrido. Contó alguna vez Hernán Casciari que Messi era un perro, un hombre perro. Él, Casciari, de pequeño tenía a Totín, aparentemente un can común y corriente, sin ninguna gracia particular, pero que cuando veía determinada esponja amarilla para lavar los platos, enloquecía, “moría por llevarse ese rectángulo amarillo” y no podía dejar de mirarlo. Messi, como Totín, entraba entrance al jugar, al ver la pelota.

Entonces, señores y señoras, jóvenes y no tan jóvenes, Djokovic es un perro. Pero a él no lo vuelve loco ni una esponja ni una pelota. Lo suyo… Lo suyo es la victoria. Y su cuenta pendiente, ahora, es Roland Garros.

Foto destacada: Getty Images