En un partido parejo, el serbio derrotó al japonés y luchará por el título ante Murray. Con oficio se sacó de encima a un rival complejo.

Puede estar incómodo, puede complicarlo un buen rival, puede pasarle de todo pero siempre gana. Novak Djokovic tiene plan A, plan B, plan C, y así hasta la Z. Usando un rato cada uno, le ganó 6-3 y 7-6 a Kei Nishikori. Solo él puede derrotar en sets corridos al número 6 del mundo sin dominarlo y sin depender de los errores ajenos.

Casi todos los puntos fueron de altísima velocidad, con constantes cambios de direcciones con derecha y con revés. Desde lo estratégico, el partido era una constante lucha por plantarse en la línea de fondo. Quien jugara más cerca del pique, atacaría más; y quien atacara más, iba a ganar más puntos. Ambos tenistas intentaron lo mismo, y si bien el japonés prevaleció en esta batalla, no pudo ganar la guerra, porque Djokovic siempre tenía un recurso más, un as bajo la manga.

En solo 3 de 11 turnos de saque el serbio ganó los games en cero o en quince. Los ocho restantes en treinta o en deuce. En el primer game del partido rescató un triple break point y una chance más en la mitad del segundo set. ¿Cómo sobrevivió una y otra vez? El número 1 tiene más vidas que los gatos. Cuando se complicaba, zafaba con tiros espectaculares o con dos o tres saques seguidos. Parecía que esperaba esos momentos para lucirse, como si lo hiciera a propósito.

No solo se escabullía a voluntad, sino que no perdonaba los pocos errores que el nipón cometió hoy; y eso que no le dio muchas chances a Djokovic para que aproveche; el tema es que no hay que darle ni una. Nole también superó la frustración de perder cuatro match points cuando sacó para el partido en el segundo set, pero su cabeza también es imbatible. Pocos logran asimilar lo que se les escapó y mucho menos consiguen darse cuenta que perder la ventaja en el marcador no implica quedar en desventaja.

Ni el Nishikori más confiado después de zafar de un 5-4, 40-0 y saque pudo con el número 1 en el tiebreak. El japonés jugó en un nivel altísimo, pero no fue suficiente para doblegar al jugador que más oficio tiene para administrar los momentos. 7-4 para el serbio, y se repitió la película: “Ganó Djokovic”. Esta vez, con un resultado muy holgado si se tiene en cuenta el desarrollo del partido. Ahora lo espera Murray en la final del Masters 1000 de Madrid.