El argentino Damián Steiner, en una charla exclusiva con Tenis Zone, nos ofrece la mirada de un árbitro de tenis y cuenta detalles de todo lo que no se conoce sobre la vida de un juez de silla.

Son espectadores de lujo. Tratan en primera persona con las estrellas. Muchas veces son olvidados por el público. Los umpire son un elemento fundamental en un partido de tenis y detrás de todo juez de silla hay una historia, una vocación. Damián Steiner, el único umpire argentino del circuito ATP y uno de los mejores del mundo, quien dirigió la final del Masters de Londres en la que Novak Djokovic venció a Roger Federer, dialogó con Tenis Zone y narró detalles sobre la carrera de un juez de tenis.

steiner

De 41 años y oriundo de Villa Crespo, Capital Federal, comenzó con su carrera en el arbitraje tenístico en 1994 siendo juez de línea en partidos de juveniles a nivel local. Con el correr de los años ganó experiencia y logró ascender a la silla principal.

El árbitro argentino señaló que “la relación del umpire y el jugador es cordial y que no escapa del profesionalismo. Nunca se sale a cenar con los jugadores, simplemente se trata con ellos en encuentros circunstanciales en los torneos, y minutos antes de comenzar los encuentros”. Según él, la experiencia permite al juez conocer a los jugadores del circuito, comprender sus actitudes y saber cómo tratar a cada uno en particular.

Además de mantener la concentración punto a punto, la gran tarea que tiene un umpire es vigilar los piques. Steiner manifestó que desde arriba de la silla es más fácil corregir los fallos de los jueces de línea, y confesó: Tenés que mover un poco las piernas para que no se te acalambren, y encima no todas las sillas son cómodas”.

 

El umpire contó que suele entrenarse y salir a caminar después de los partidos para estimular la circulación sanguínea en el tren inferior, pero que no es algo indispensable. “No hace falta estar entrenado para ser árbitro, varios de mis colegas están gorditos”, afirmó entre risas.

steiner2

Steiner aseveró que la implementación del Ojo de Halcón mejoró la relación de los jueces con los jugadores. Se perdió la tensión que se generaba en los fallos y se llevó a comprender que el umpire es un ser humano y precisa de la tecnología para las jugadas finas”.

Además, relató sus sensaciones acerca de la final del Masters de Londres: “Fue un orgullo y estoy muy contento de haber dirigido ese encuentro. Sin dudas, fue el partido más importante de mi carrera, ya que es el torneo más importante del circuito ATP. Lo considero un respaldo a mi trayectoria y una alegría para mi familia, mis hijos y mi mujer, que siempre me acompañan”.