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Ese maldito momento: el ojo del halcón

La descripción del instante cuando Cilic pide el ojo de halcón y pone en suspenso la alegría de Federer

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Federer emocionado

El saque es perfecto y la pelota no regresa. Era un match point. Ya está, no hay más nada que hacer. Se terminó todo. Tantas horas de sufrimiento y dos semanas muy largas que llegan a su momento cumbre. Todo el esfuerzo valió la pena, es la hora de la consagración.

 

Las lágrimas se escapan. No se pueden contener porque si lo hiciera el pecho explotaría. Simplemente al corazón no le da para funcionar a tanta velocidad y el llanto es la vía de salida para desahogarlo. Sino las arterias se rebalsarían. Es humanamente imposible aguantarse.

 

Pero de repente debe hacerlo. No puede seguir llorando. Hay que cortarla. Ya se había desatado la emoción, pero había que frenarla. Era como tapar un agujero por el que se filtraba líquido disparado con tanta presión que era destructivo.

 

Cilic había pedido el ojo del halcón, igual que Nadal el año pasado.

 

– ¿Por qué, Marin?-. Se preguntaba Roger, mientras se le retorcían las entrañas y debía doblarse sobre sí mismo para no colapsar. La diferencia estuvo en que aquella vez, cuando Rafa lo había hecho, lo hizo de manera instantánea y Federer no había tenido tiempo de liberarse. Pero en esta ocasión ya era tarde, ya la alegría se le empezaba a escapar por los poros de la piel y regresarla de vuelta a donde estaba contenida hubiera sido una tarea titánica.

 

¿Y si la pelota es mala? ¿Cómo hago para volver a sacar? ¿Cómo agarrar otra vez la pelota? ¿Cómo calmarme? ¿Cómo no demorarme? ¿Qué hago? Millones de preguntas se suceden una tras y otra. Mientras tanto la pantalla aún sigue en negro, sin mostrar nada. Reproducir el video del Challenge no tarda. De hecho no tardó, pero díganselo a Roger Federer.

 

La mirada de Roger estaba puesta en el monitor gigante. Ni bien apareció enfocó lo más que pudo. Buscaba ese manchoncito negro sobre la línea blanca. La cancha se muestra en horizontal y una transición la pone en vertical. Federer no le quiere dar tiempo, quiere verla cuanto antes. Apenas llega a los 45° Roger ya lo sabe, ya lo vio, ya lo procesó. El cerebro tarda 12 milésimas de segundo en procesar una imágen. En este caso, no habrá sido ni una. Fue instantáneo.

 

Había sido todo un susto. Totalmente innecesario. Pero pasajero. No significaba nada, pero al mismo tiempo signifiacaba algo muy importante: Roger Federer es el campeón del Abierto de Australia a los 36 años.

Autor:

Periodista deportivo | Productor General de Tenis Zone Radio

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