Las obligaciones deportivas no son solo de estos tiempos, sino que existen desde hace décadas. Y siempre afectaron a la cabeza de quienes cargan con ellas. En Tenis Zone recordamos la historia de un tenista que se suicidó a causa de esto.

Jiro Sato, nacido el 5 de enero de 1908, fue por muchos años, hasta la llegada de Kei Nishikori, el mejor jugador que tuvo el tenis japonés. Llegó a ser n°3 del mundo en 1933 y fue una figura idolatrada por todo el país, pero no pudo culminar su historia con el mejor desenlace: en el viaje hacia Europa para disputar la segunda ronda de la Copa Davis ante Australia el 15 de abril de 1936, se suicidó.

Jiro_Sato_and_Jacques_Brugnon

No había pasado ni una semana desde que Sato llegó a su Tokio natal tras una agitada temporada tenística, en la que consiguió llegar a las semifinales de Wimbledon, para seguir con sus estudios de Economías y contraer matrimonio con su mujer Sanaye Okada, con quien solía realizar series en dobles mixtos.

Pero, a su pesar, todo esto se vio truncado cuando tanto las autoridades políticas niponas como la Federación de Tenis Japonesa lo obligaron a disputar los partidos de Copa Davis ante Australia por la segunda ronda del torneo, bajo el argumento de que no podía faltar el mejor jugador del país a aquella cita porque “lo más importante era dejar bien alto el honor del país”.

Si bien Sato les explicó que luego de aquel largo año lleno de torneos se encontraba exhausto y sin ánimos de representarlos, le negaron la posibilidad de faltar a aquella disputa. Tampoco hicieron caso a la neumonía acompañada de problemas estomacales que padecía el jugador.

“Hakong Marú” se llamó el barco en el que zarpó hacia Europa  junto con sus compañeros. Los malestares gástricos y pulmonares crecieron hora tras hora, hasta que en una de las noches de aquel periplo, el héroe nacional, como lo llamaban los medios y autoridades de Japón, decidió irse a dormir sin cenar.1356772131Satoh

Pasadas las 23:30, su compañero de cuarto se dirigió al camarote para descansar y al entrar observó que Sato no estaba en la cama. En su lugar dejó una carta en la que afirmó que se sentía muy presionado por el régimen japonés y que no podía soportar en sus espaldas todas las expectativas que el país tenía sobre él, por lo que decidió terminar con su vida, es que el miedo a perder y deshonrar al país era mayor que el temor a la mismísima muerte.

Lo buscaron durante siete horas y jamás encontraron su cuerpo. Algunos tripulantes sospecharon que se había atado a dos pesas para tirarse al mar, debido a que estas pesas y una soga desaparecieron.

De esta manera, la historia de uno de los mejores tenistas japoneses quedó atrapada en el mar, como consecuencia de las presiones en el mundo del deporte, que ya existían hace más de 80 años.