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Nadal al milímetro

¿Qué le pasa a Nadal? Es algo así como una de las preguntas del millón que circulan por el actual circuito ATP. Es poco probable, sino imposible, que los seguidores del deporte de la raqueta no se hayan formulado o escuchado la formulación de esta interrogante sin respuesta. Al menos en España es una utopía. […]

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¿Qué le pasa a Nadal? Es algo así como una de las preguntas del millón que circulan por el actual circuito ATP. Es poco probable, sino imposible, que los seguidores del deporte de la raqueta no se hayan formulado o escuchado la formulación de esta interrogante sin respuesta. Al menos en España es una utopía.

A Nadal le pasa una cosa que es muy difícil. Desde hace un año al español se le examina al milímetro. Pónganse en la siguiente situación. Imaginen que llegan a su trabajo, ese en el que ya llevan un tiempo desempeñando su cargo, y que cada día se les realizase la evaluación anual. Visualicen que cada vez que parpadeasen, su jefe o algún compañero, tomara nota y pensara que usted está cansado de su curro. Imaginen que alguien les alabase por terminar una labor rutinaria o que, después su jefe le recrimine que se ha levantado dos minutos. Reflexionen sobre esa evaluación permanente, ¿cómo la sobrellevarían?

Algo así pasa con Nadal. El tenista de Manacor lleva un año en el que cada acción suya es evaluada. Una derrota ante un rival potente, una victoria ante un rival menor. Un fallo de derecha, un acierto de revés. Una victoria, una derrota. Un gesto de aliento, la ausencia de un gesto de aliento, la presencia de un gesto de decepción. Todo, absolutamente todo, se evalúa. Una situación que no debe ser fácil.

La historia se puede extender en el tiempo pero viene funcionando así. Comenzaba el año y Nadal ganaba la pachanga tenística con la que varios jugadores calientan antes de la temporada oficial. Twitter y las páginas deportivas aventuran un glorioso 2016. Una gloria que crecía al ver como el español llegaba a la final de Doha. Después se esfumaba. Nadal sufría una paliza considerable ante un Djokovic inhumano y regresaba la cantinela: ¿qué le pasa a Rafa?

Llegaba Australia. Tras el sorteo del cuadro en España se pasó de aventurar que Nadal tenía vía libre hasta la final a su entierro al perder en primera ronda. Dinámica similar ha pasado en la gira de tierra batida en Sudamérica. Pasamos de su retorno por ganar en primera ronda al alarmismo tras su derrota frente a Thiem. El jueves de esta semana “Nadal endereza el rumbo” para el sábado “Cuevas consume a Nadal (quién sigue sin despejar el escepticismo)”.

Nadal al milímetro en un país tan dado a elevar a sus ídolos como a matarlos. Sólo vende la superficie. Si Nadal gana hay que elevarle. Si Nadal pierde se acabó lo que se daba. Es difícil encontrar el término medio aunque, en honor a la verdad, si se busca se puede llegar a encontrar. No se puede elevar al manacorí por ganar un partido de primera ronda, por muy brillante que pueda ser su actuación. No se puede enterrar a Nadal por perder un partido.

En 2015 Rafael Nadal, en un mal año, acabó como el número cinco del mundo. La gran mayoría de jugadores en el mejor año de su vida no verán ni de cerca ese ranking. Nadal ha empezado mal el año. Muchos jugadores en el mejor arranque de temporada de su vida no lograrán ni la mitad de los malos resultados de Rafa.

Nadal no está bien. Es más que evidente. Su derecha y su físico no son los de antes. Donde antes levantaba situaciones imposibles ahora desaprovecha ventajas. Donde antes remontaba ahora le remontan. Si antes su eterna bola de más acababa en el fallo del rival, ahora su bola es la que falla. Si en tierra batida era imbatible ahora ya no lo es. Pero el mayor problema es que a Nadal no solo se le mide al milímetro sino que se le compara con Nadal. Una comparación absurda. El tiempo pasa para todos. El cambio llega a todos. Es absurdo comparar el hoy con el ayer. Ni aunque gane Roland Garros Nadal será el de ayer. El español es hoy el tenista que es hoy. Le pasan muchas cosas pero también le pasaban cuando sumó su noveno grande en Francia. No es necesario que le entierren, ya decidirá él cuando es el día. No es necesario que le resuciten, nunca se ha ido.

Foto destacada: clarin.com

Autor:

Periodista. Amante del tenis. Federer como religión.

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