¿Por qué el extenista y presidente de la AAT fue un símbolo muy importante en la historia del tenis argentino? Hoy, a sus 92 años, falleció y en Tenis Zone te contamos su historia.

Se suele decir que en Argentina el tenis empezó con Guillermo Vilas. Pero Vilas no hubiera sido Vilas si no hubiera seguido los pasos de Enrique Morea. Y Enrique Morea falleció hoy, 15 de marzo de 2017, fecha que se acaba de transformar en un día de luto para el tenis argentino.

Morea no fue un hombre más en la historia del deporte de la raqueta en nuestro país, fue quien puso el primer granito de arena para poder construir lo que hoy podemos disfrutar. Se trata del primer argentino campeón de Grand Slam y del primer top ten, además del mejor dirigente de la historia.

Mucho antes de los tiempos del Gran Willy, entre 1944 y 1960, Morea fue el tenista N°1 argentino y de 1946 a 1956 fue el mejor de Sudamérica, tanto en singles como en dobles. Durante ese tiempo, fue reconocido entre los diez mejores tenistas del mundo entre 1953 y 1955, aunque sin un puesto fijo debido a que no existía el Ranking ATP como se conoce hoy en día.

En su época de gloria fue el primer argentino en conquistar un título de Grand Slam, en Roland Garros 1950 en dobles mixto, junto a la norteamericana Barbara Scofield. Como singlista, fue semifinalista dos veces en el Major parisino y llegó a la final de lo que hoy es el Masters 1000 de Roma, aunque por aquel entonces los torneos eran categorizados por su tradición y no por puntos, por lo que no existía el rótulo de Masters 1000.

Representando al país, fue capitán y jugador de Copa Davis entre 1948 y 1958. Además ganó dos medallas de oro y una de plata en los Juegos Panamericanos de 1951 que se disputaron en Buenos Aires. Ese logro conseguido en el país lo catapultó como figura y desde entonces el tenis empezó a ser conocido en Argentina.

En 1973, mientras Vilas ganaba el primer título de su carrera en Buenos Aires, Morea se convirtió en el presidente de la Asosiación Argentina de Tenis (AAT). Su primer mandato coincidió con los grandes hitos de Vilas y culminó en 1979.

Luego volvió a tomar el liderazgo de la AAT cuatro veces y fue nombrado presidente honorario de la entidad que rige el tenis en Argentina. Además llegó a ser vicepresidente de la ITF y entró en el Salón Internacional de la Fama de este deporte.

A último momento no pudo viajar a Croacia en la final de la Copa Davis del año pasado, la gran consagración argentina. Pero no se despegó del televisor para ver la remontada de Del Potro ante Cilic y el triunfo catedral de Delbonis ante Karlovic. “Con esto, ya cumplí mi objetivo de vida”, le dijo a su familia mientras veía al equipo capitaneado por Daniel Orsanic levantar la Ensaladera.

Enrique Morea se ha ido, pero no sin antes poder cumplir su sueño de ver a su país campeón del mundo en el deporte que amaba y que marcó su existencia, y también la existencia posterior de todos quienes se dedicaron al deporte de la raqueta. El legado que nos dejó se puede ver todos los días, se trata del pasado, el presente y el futuro del tenis en la Argentina.

Foto destacada: Olé