La mayoría de los días del año no tienen nada de especial. Comienzan y acaban sin dejarnos ningún tipo de estela a su paso. Sin embargo, en ocasiones ocurre lo contrario. Un cometa Halley te atraviesa y lo llena todo de luz. Un miércoles rutinario es un día con muchas papeletas para no dejar grandes cosas para el recuerdo. Un miércoles viendo tenis en Madrid es todo un cometa Halley. El miércoles 4 de mayo dejó su estela tenística y un nuevo paso por la Caja Mágica y el Máster 1000 de Madrid.

De inicio el caos. Muchos son los torneos que aspiran a la etiqueta de quinto grande. Aquellos candidatos no deberían olvidar que esa categoría también se debe ganar desde el público. La llegada a la Caja Mágica te hace pensar que vas a participar como doble en la segunda parte de Braveheart. Una horda de personas se apila esperando entrar. ¿Organización? Bien, gracias, estamos de paseo. Cero información y cero distribución del público. Esto es Madrid, ya se sabe que el público que importa es el Vip, el resto, ese que viene porque le gusta el tenis no solo a figurar, no deja de ser plebe que puede esperar e incluso perderse el inicio de la jornada.

Tras el caos, lo que vienes a buscar: el tenis. La primera toma de contacto la protagonizan el checo Berdych y el uzbeco Istomin. De entrada, intercambio de breaks. Después, igualdad en una balanza inclinada. El set parece igualado, pero está inclinado del lado de Berdych. El checo rompe en el quinto juego y cierra la manga con un nuevo break.

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Algo más equilibrado fue el segundo set. Clave el quinto juego. Istomin se puso 15-30, pero Berdych reaccionó e incluso se expresó. El robot checo cerró el puño a la vez que era jaleado por su banquillo. Eran conscientes de que salvaban uno de los llamados puntos de giro de un partido. En su siguiente turno de saque volvió a sufrir Berdych. Esta vez pausa. 5 segundos más para sacar. Ese pensamiento que distingue al bueno del normal. Mientras Berdych pensaba y actuaba fríamente, Istomin lanzaba una dejada que no tocaba. Dejaba pasar la posibilidad de entrar y después veía como el partido se esfumaba por un doble 6-3.

Finalizada la primera estación llega ese difícil momento en un torneo de tenis: elegir destino. Si te vas quizás no puedas volver a entrar. Si eliges un partido te pierdes otro y nunca sabes cuál es la opción correcta. Decido visitar la pista central donde buscan los octavos Feliciano López y Roberto Baustista. Pobre entrada en la mejor pista. Pobre el espectáculo tenístico. Veo ganar a Feliciano el segundo set mientras me pregunto, ¿este partido es de Pista Central?

El coste de oportunidad hace que mi paso por la central me cueste 40 minutos de espera hasta entrar en la pista tres. En ella juegan Kyrgios y Wawrinka. Uno piensa, ¿partido de pista tres? No soy el único. Mientras la central luce semidesierta mucha gente aguarda para poder acceder a la pista tres. Al final entro. Llego para el desenlace en el tiebreak de la primera manga. La espera ha merecido la pena. Tenis de muchos quilates. Una velocidad de vértigo en la bola. Kyrgios saca a 220 km por hora con la facilidad con la que el panadero hace el pan. El revés de Wawrinka te hace desear pedírtelo de regalo por Navidad.

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Coge ventaja Kyrgios en el tiebreak y se sitúa 4-1. Hace de las suyas. Una doble falta donde se juega el segundo. Una disputa con el árbitro. Su cabeza comienza con las rumiaciones. ¿Estallará? En esta ocasión no. El australiano es tan inestable como bueno. Igual que te hace la doble falta te salva un set point en contra haciendo saque y red con su segundo saque. Cosas de Kyrgios que al final se lleva el tiebreak por 9-7.

La segunda manda discurre al ritmo de los saques. Hablar de una opción al resto es hablar de un 0-15. Por tanto, nuevo juego decisivo. Una caña de Stan y la participación de la cinta a favor de Kyrgios acaban decantando el marcado del lado del aussie.

Llega entonces el momento de practicar un deporte de alto riesgo en la Caja Mágica de Madrid. Comer. Si, aunque hayas tenido el mejor desayuno posible tu cuerpo acaba necesitando comer. Es un lujo que sabes que va a tener un alto coste, pero no te queda solución. Solucionada la necesidad básica y, con un sol que parte las piedras, un paseo por las pistas exteriores nos ofrece un duelo entre Querrey y Pouille que apenas congrega a 30 personas. Curioso porque el ganador de ellos chocará contra Nadal al día siguiente en la pista central. Ganador sale Gilles Simon de su duelo ante Pablo Carreño.

Entonces llega la hora del plato fuerte. Novak Djokovic regresa a Madrid. Vuelve al lugar del que se fue silbado tres años antes. El regreso del número uno es ante un aspirante a sucederle en el futuro, Borna Coric. El primer punto refleja que el partido puede ser todo un tu a tu. Ahora bien, tutear a Djokovic son palabras mayores. Coric es bueno, pero Djokovic es Djokovic. Siempre te devuelve una más, una bola profunda e hiriente, te pasa de la defensa al ataque en una décima de segunda. Y sobre todo te exige, te exige y te vuelve a exigir. Djokovic te aburre de tener que ser perfecto y al final te gana. Necesitas siete golpes perfectos para derrocarle. Coric hoy puede dos, tres, cuatro, incluso cinco, pero no más. El croata ve como el primer set se le escapa sin remedio por 6-2. En la segunda manga aguanta. Llega al cuatro iguales. Pero en la hora de los galones, el número uno impone su ley. Djokovic vuelve con buen pie a Madrid.

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La estela de Halley comienza a apagarse, pero aún queda algo de tenis. Da tiempo para acercarte a un torneo femenino que en Madrid brilla por sus sorpresas en esta edición. Da tiempo para ver como Cibulkova remonta su duelo ante Pavlyuchenkova, y Dodig y Melo su partido de dobles. Queda una última parada: Fognini en el dobles. Ver al italiano siempre es una experiencia. Nunca sabes de qué manera puede ser capaz de autoboicotearse el bueno de Fabio. De entrada, parece que Fognini tiene las mismas ganas de jugar que de ser pisoteado por un elefante. Sin embargo, junto a Troicki a punto estuvieron de llevarse el partido. Gozaron de match point. No lo aprovecharon.

El tenis seguía, pero mi ticket había agotado sus atracciones. Halley había completado su periodo orbital. Era la hora de decir adiós. Bueno, perdón, sólo hasta luego.