En esta ocasión la cita es el viernes por la noche. Es el broche perfecto a la semana. Es una nueva oportunidad de disfrutar del universo del tenis en directo en el Masters 1000 de Madrid. En el camino a la Caja Mágica te encuentras con mucha gente que entona una canción de vuelta. Su experiencia ha sido matutina y les toca replegar las alas. Tu ticket está intacto el suyo ya se agotó.

Esta vez no hay problemas para acceder al estadio. Eso te otorga un margen para pasear tranquilamente por las instalaciones. Muy diferente a lo vivido dos días antes. Las pistas exteriores están vacías y cubiertas ante la lluvia. La acción hoy está dentro. Existen menos focos de atención, pero éstos son de más importancia. En concreto, está en juego una plaza a la final femenina y la última a las semifinales masculinas.

Stosur y Halep pelean por una plaza en la final en una pista central que en el inicio de partido no llega a media entrada y cuyos palcos vip lucen casi desiertos. El partido entre la australiana y la rumana dura cuatro juegos. En una pista cubierta por la lluvia ambas jugadoras solventan cómodas sus dos primeros turnos de servicio. Después la historia es unidireccional. Stosur pega y Halep resiste. Al final, Stosur falla. Los errores le cuestan el primer break a la australiana. Es el principio de su final. No volverá a ganar ningún juego más. Halep defiende y Stosur falla y el primer set se expira en media hora del lado de la rumana por 6-2.

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Una hemorragia que no paró en ningún momento. Stosur no tiene capacidad de reacción y no solo sigue fallando, sino que ve como Halep además de defender pasa a dominar. La rumana se sabe ganadora y no quiere alargar la contienda. Plena eficacia en las ocasiones de quiebre y segundo set en blanco para sellar su pase a la final. De complemento un guiño al público para ganarse su favor de cara a la lucha por el título: “Muchas gracias Madrid”.

La rapidez de la semifinal femenina me permite una ocasión para pasear por la Caja Mágica a la espera del duelo entre Raonic y Djokovic. Multitud de gente aguarda fuera, y uno se pregunta, ¿y por qué no estaban viendo el partido?

De vuelta a la pista central ésta sigue lejos del lleno al inicio del último partido de cuartos de final, aunque al final lucirá una gran entrada. Raonic se enfrenta al reto de ganar a Djokovic. Esa misión casi imposible en el tenis actual. En los primeros juegos puedo apreciar que el canadiense ya no es solo un cañón. Su saque sigue imponiendo más que respeto, pero ahora hay más elementos. Raonic busca la red, sabe defender y atacar con su derecha. Sin embargo, su cañón sigue siendo clave. Y lo que es peor, su neutralización es la base de su derrota.

Con cada saque Raonic construye un castillo perfecto. En el momento de golpear la bola el canadiense debe estar seguro de su maravillosa creación. Ante un alto porcentaje de jugadores ese golpe le da el punto. Hoy no. Hoy enfrente está Novak Djokovic. El partido es todo un show de restos en las más variopintas posturas posibles del serbio. Ante la construcción perfecta del cañón el resto de Nole responde destrozando el castillo. Así, un break en el sexto juego le hace enfilar el primer set. Un break que además sella con un passing para ver en las jugadas del día.

Al final es esa eterna sensación de superioridad que acompaña al número uno. Los espectadores saben cómo va a acabar la velada. Más aun cuando Djokovic rompe de entrada en el primer juego del segundo set. Pudo cambiar la historia en el siguiente juego. Raonic se procuró un 15-40 pero después le tembló su revés. Raonic ya no es solo un cañón, pero todavía necesita más elementos para poder con Djokovic.

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El canadiense rema. Salva cinco break points más en la manga, con un match point incluido. Resiste y espera una oportunidad en la que nadie cree. No obstante, llega. Djokovic duda cuando saca para ganar. Llega a tener que salvar un break point en contra y no logra cerrar hasta la cuarta bola de partido. Es “su sufrimiento”. Tras una hora y cuarenta y cinco minutos el número uno sella su pase a las semifinales y lo celebra con rabia. Después agradece al público y les desea buenas noches. Es la hora de dormir. Toca decir adiós al tenis, bueno, perdón, hasta luego.